Aceleran la designación de nuevos embajadores en la OEA y la ONU

El Gobierno ya puso primera en su estrategia para revertir la presión que recibe desde los organismos internacionales por causas de derechos humanos. Para ello decidió acelerar las designaciones de sus nuevos embajadores ante la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Organización de Naciones Unidas (ONU). Para ocupar el primer sillón ya tiene en carpeta el nombre de Paula Bertol, actual funcionaria del equipo del jefe de Gabinete, Marcos Peña, según confiaron a este diario fuentes de la Casa Rosada.
El apuro oficial tiene una razón: El Gobierno se encontró arrinconado ante las críticas por la prisión preventiva de Milagro Sala y la muerte del activista Santiago Maldonado. Ambos casos tuvieron mucha repercusión en la Corte Interamericana (CIDH), donde los gobiernos de la región así como los organismos de derechos humanos coincidieron en los cuestionamientos. Incluso, el secretario del área, Claudio Avruj, fue reprochado cuando defendió el accionar oficial durante la investigación de la muerte de Maldonado.
“Nosotros vemos mal cuando el sistema internacional, la CIDH se convierte a priori en acusador”, confesó su malestar, el secretario de Derechos Humanos, en noviembre.
Ante esa tribuna hostil para Cambiemos, se decidió el reemplazo del embajador en la OEA, José Arcuri. Según fuentes de Cancillería, el diplomático no logró neutralizar los roces, e incluso las críticas habrían empeorado cuando protagonizó cruces personales con la ex canciller de Venezuela, Delcy Rodríguez.
Bertol, actual secretaria de Relaciones Parlamentarias, es la elegida para reemplazar a Arcuri. La ex legisladora, de buena llegada a Peña, y una trayectoria larga en las filas del PRO, goza de la confianza de la Rosada. Esta decisión va en línea con una definición que había dado Avruj en una entrevista en noviembre. Allí reconoció que el Gobierno tenía una “falencia” en la representación ante los organismos internacionales y que necesitaban “gente del Ejecutivo” para llevar adelante la agenda macrista.
El otro embajador que dejaría su silla es Marcelo Cima, quien está en Ginebra, en la ONU. A este diplomático, la Casa Rosada le cuestiona que el caso de Milagro Sala haya ganado espacio dentro del organismo, con misiones especiales incluídas, y que hasta haya repercutido en los medios internacionales.
Todavía no está definido quién reemplazaría a Cima.
El Gobierno tiene planeado aumentar su presencia en la ONU, donde la influencia de los organismos de derechos humanos locales es menor. Por tanto, enviará más representantes del Poder Ejecutivo a Ginebra.

De hecho, la Casa Rosada va a basar su política de Derechos Humanos en los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que se planteó esta organización internacional en el año 2000. Por un lado, el Gobierno lanza un guiño a la ONU que es cuestionada por la falta de efectividad, en los objetivos que suele impulsar a largo plazo. Por el otro, se apoya en una tribuna donde la influencia de los actores locales en DDHH es menor, por lo que gestión macrista no es tan cuestionada como a nivel regional, desde la OEA.

(Cronista – Edición impresa)

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