25 años de democracia

La democracia que supimos construir, sobrevivió a hiperinflaciones, a rumores de derrocamiento y a muchos gritos de “que se vayan todos”. Gritos que se resignificaron y que a sólo siete años se transformaron, para algunos, en un “que se metan todos”. Lejos del inconsciente pedido de vaciamiento institucional y más lejos aún del “no te metas” muchos estamos metidos, discutiendo nuestros puntos de encuentro y nuestras diferencias: esto sólo es posible en democracia.
Pero esta democracia es imperfecta: por sus instituciones débiles, con escasa autonomía y falta de control; por muchos políticos que creen que si no estás con ellos, estás en contra, y que lejos de mediar y contribuir a la paz social reavivan conflictos; porque no hay garantías suficientes de acceso a educación, salud, justicia e información pública; y sobre todo, porque 30% de la población vive por debajo de la línea de pobreza.
Es hora de desatar un cambio. Es momento de desterrar el clientelismo; de combatir la corrupción estructural; de fortalecer nuestros partidos políticos para favorecer la discusión y la alternancia; de defender el rol del Congreso para legislar y controlar. Y por sobre todo, es momento de luchar contra la pobreza con fuentes reales de trabajo, acceso a la educación y a la salud.
Sigo creyendo que hay mucho pendiente en nuestra democracia. Es por eso que habemos muchos que estamos trabajando con entusiasmo.