Adelantarse al daño

La reciente desaparición del testigo Alfonso Severo tiene dos componentes claves: la importancia de adelantarse al daño y la de garantizar justicia. El hecho de que esto esté previsto en la ley, nos pone frente a un nuevo caso de desidia de las autoridades judiciales. Un episodio más que vuelve a dejar en claro que la Justicia en nuestro país está sospechada.

El orden público comprometido en cada juicio penal requiere del Estado un rol protagónico, y dentro de sus obligaciones debe incluir la protección de los testigos que le permitan esclarecer el hecho.

El fiscal y las autoridades judiciales intervinientes bien pudieron haber advertido la necesidad de proteger al testigo Alfonso Severo. El artículo 2° de la ley 25.764 es contundente en este sentido cuando establece que las medidas de protección “serán dispuestas, de oficio o a petición del fiscal, por el juez o tribunal a cargo de la causa en que se recibiera la declaración que justificara tal temperamento…”.

Pero además, el art. 1º de la misma ley permitía también incluir a Severo en el programa de protección. Se trataba de un delito presuntamente vinculado con la delincuencia organizada y su comisión tenía y tiene trascendencia e interés político criminal.

Desde la actividad legislativa necesitamos trabajar para ampliar los supuestos de protección de testigos y hacer esto extensivo a las personas que denuncien hechos de corrupción. De esta forma podremos cumplir con los estándares internacionales en la materia, particularmente con las normas contenidas en tres tratados fundamentales aprobados por la Argentina en materia de lucha contra la corrupción: la Convención Interamericana Contra la Corrupción, la Convención de la OCDE sobre el soborno transnacional, y la Convención de las Naciones Unidas Contra la Corrupción.

La medida de protección debe aplicarse también a las personas que tengan relación de carácter afectivo o familiar con el denunciante, y su aplicación debe ser inmediata y efectiva.

Hacer pesar la falta de protección al pedido de la propia víctima, es mirar para el costado y no hacerse cargo.