Antes de un juicio: un mediador

Destaco que la mediación es un instrumento social que ayuda a las partes a equilibrar posiciones, especialmente en aquellos conflictos en los cuales una de ellas goza de una posición dominante sobre la otra y, por lo tanto, la obligatoriedad de este método alternativo de solución de controversias ha colaborado y colabora en acercar a las partes que detentan diferente poder. La obligatoriedad ha ayudado a acercarlas y a proteger en cierta forma a las partes más débiles. En este sentido el mediador es un tercero neutral, que ayuda a las partes a negociar; no impone, no es un juez y es una persona capacitada para esa tarea. Es por ello que la obligatoriedad ha sido un requisito que ha colaborado a la cultura de la paz.

Las estadísticas nos demuestran con claridad que el tiempo que insume el desarrolllo de una mediación es escaso frente al de un juicio y que este método es una herramienta efectiva dados los resultados altamente positivos que ha obtenido desde su inicio, hace diez años. Podemos afirmar que existe una superpoblación de expedientes del Poder Judicial. Se ha descripto muchas veces a una Justicia abarrotada de expedientes y sin sitios adecuados para su funcionamiento. Se ha dicho que cuando la construcción de la ciudad judicial se concrete, podrán resolverse muchas dificultades edilicias y estructurales que afectan el funcionamiento del Poder Judicial. Esto fue dicho hace diez años, y hasta el día de hoy esas reformas estructurales aún no se produjeron.

Quiero señalar también que la mediación prejudicial es solo una parte de muchos otros tipos de mediación, que complementan y enriquecen este instituto. No debemos olvidar, bajo ningún concepto y, a modo de ejemplo, que la mediación familiar, comunitaria y escolar son, como dijera la Lic. Gabriela Rodríguez Querejazu “verdaderas contribuciones a la paz social. No solo descomprimen el trabajo de la justicia sino que contribuye a generar desde sus bases una nueva cultura de la convivencia basada en el diálogo, el respeto y el reconocimiento del otro.” A nivel nacional, el monitoreo realizado desde que se implementó el programa del Ministerio de Justicia da cuenta de que el 80% de las mediaciones no vuelven a los tribunales, es decir, a la instancia litigiosa. El 20% restante, aunque no finaliza en acuerdos, consigue que la convivencia de quienes tienen el conflicto no sea violenta en términos de agresión física o verbal.

Del mismo modo, estamos convencidos de que aún no hemos logrado una política de Estado que implemente el sistema de mediación. Para contar con ella hace falta un cambio cultural, que sin duda requiere tiempo. En este caso en particular necesitamos tiempo para cambiar la cultura de la confrontación y del conflicto por la cultura de la cooperación y de la colaboración.

Reiteramos entonces que, la obligatoriedad de la mediación antes de un juicio civil o comercial todavía es un elemento fundamental que colabora a la pacificación de la sociedad. Hace falta en nuestro país continuar creciendo en la implementación de la resolución pacífica de conflictos hasta llegar a hacer de ella una política de estado.