¿Cómo se sale de la crisis?

¿Por qué hasta ahora el Congreso no intervino para recuperar sus facultades legislativas? ¿Por qué no se advirtió la inconstitucionalidad de la Resolución Ministerial 125? ¿Por qué cuesta tanto defender la independencia de la institución legislativa y sus competencias?

Evidentemente el conflicto, puso en debate no sólo las retenciones sino también, aspectos sociales y hasta constitucionales. La disputa expresa cuestiones subyacentes y de mayor gravedad que el simple debate sobre retenciones móviles o fijas; cuestiona el sistema federal y la coparticipación a las provincias, la distribución de ingresos, la inversión pública, la situación energética, el desarrollo de PyMES e incluso, pone en discusión qué es constitucional, qué es democrático y qué no.

No nos cansamos de repetir que las retenciones son impuestos. A partir de esta definición y del principio de reserva de la Ley Tributaria y de la Constitución Nacional, solo se admite que los impuestos se establezcan por ley. Por lo tanto, es totalmente improcedente fijar tributos, sean estos aranceles, retenciones o cualquier otra percepción impositiva, por medio de una Resolución Ministerial puesto que establece una subdelegación absolutamente inconstitucional.

Por otro lado, esta Resolución Ministerial desprotege al interior puesto que desvía la obligada distribución de los impuestos a las provincias y sortea el régimen de coparticipación. Además, los recursos que se recaudan por esta resolución no vuelven en obras al campo. Sucede que las retenciones por si mismas no garantizan una justa distribución del ingreso. Por tanto, se centraliza el uso de los recursos y ello deriva en mayor dominación política a los gobiernos locales, vulnerando el federalismo.

Esta crisis ha parado el desarrollo de los pueblos del interior, interrumpido la cadena de pagos y puesto en peligro empresas de producción y distribución. Además ha despertado un profundo malestar social, generándose una escalada de violencia preocupante.

Es que en este camino de más 126 días de conflicto nos llenamos de palabras alarmantes que pretenden sembrar miedo y remover culpas del pasado, mezclándose las personas con los intereses, ideologizándose las posiciones.

Entonces, ¿Cómo se sale de esta crisis? Se sale con un Gobierno, en sus tres poderes, que asuma la responsabilidad por los conflictos a su alrededor y los transforme, facilitando un proceso de concertación.

Se sale de esta crisis con un liderazgo que afronte el conflicto y coopere en su resolución cruzando las fronteras geográficas, ideológicas y toda otra línea divisoria.

Se sale de esta crisis con aptitud de diálogo y habilidad para construir puentes y sinergia.

Se sale con ejercicio democrático consistente, sujeto al respeto del principio de legalidad que limita el poder abusivo y el gobierno arbitrario al someter las acciones y decisiones a la ley, convirtiéndolas en políticas públicas más racionales e inteligentes.

El saldo positivo del intenso debate en ambas Cámaras es que la gente recordó que el Congreso existía. Ahora todos sabemos que no da lo mismo un Diputado o un Senador que representa los intereses de la gente o uno que obedece obsecuentemente a un partido político, desdibujado en el montón.

Si en vez de dictar normas como la Resolución 125, que sin dudas, ocasionará por lo menos una meseta en la producción, se dictaran disposiciones que la alienten, tendríamos un país distinto, menos pobres y productores lanzados a producir e invertir más, no menos. En ese otro país, sí es posible la redistribución de la riqueza.