Una victoria pírrica de los corruptos

Cuando Pirro, rey de Epiro, triunfó sobre los romanos con un costo enorme en vidas y recursos, contempló el campo de batalla y dijo: “Otra victoria como ésta y volveré solo a casa”. Desde ese momento, el concepto de “victoria pírrica” quedó instalado para describir un triunfo que favorece momentáneamente al ganador, pero lo perjudica irremediablemente a futuro.

Ayer, cuando se anunció el resultado de la votación que decidía el futuro legislativo de Julio De Vido, los sesenta y nueve diputados del Frente para la Victoria (y aliados) que lo respaldaron se levantaron de sus bancas y abandonaron el recinto sin mucho que decir y nada que festejar. Otros veinte legisladores habían preferido no presentarse. La izquierda, por su parte y una vez más, se enredó en sus confusiones internas, como pretexto de una pureza ideológica que pocos alcanzan a comprender. Y así, en una jornada triste y opaca, se consumó el oprobio.

No estamos hablando de un diputado cualquiera.

Nos referimos a una persona denunciada en más de ochenta causas penales, imputado en veintiséis y procesado en otras cinco. Señalado por los familiares de las víctimas como el responsable político de los 51 muertos y los 702 heridos de la tragedia ferroviaria de Once. Cada uno de los integrantes de su entorno político está perseguido en otras tantas investigaciones judiciales.

La complicada aritmética de la Cámara de Diputados que, por requerimiento institucional, exige –como debe ser- mayorías especiales para expulsar a uno de sus miembros, protegió ayer al mayor símbolo de la corrupción kirchnerista, “el cajero de los Kirchner”, en palabras de la diputada Elisa Carrió.

Sin embargo, cambiamos.

Presenciamos algo nuevo en la Cámara de Diputados. El 53,9% de los presentes apoyó la salida de De Vido, una situación inimaginable hace escasos dos años. En este, como en otros muchos temas, los argentinos comenzamos a vivir una nueva época, signada por acontecimientos políticos y sociales que –como la salida del default, la eliminación del cepo, el regreso al primer plano internacional y un largo etcétera- se suceden vertiginosamente.

Debemos entender de una vez por todas que la corrupción no implica –solamente- un nivel de vida, autos de lujo o vuelos en aviones privados. En palabras de GOPAC (Organización Global que orgullosamente integro de actuales parlamentarios y parlamentarios mandato cumplido contra la Corrupción), “existen formas de corrupción tan graves y cuyos efectos sobre la vida humana, los derechos humanos y el bienestar humano son tan catastróficos que deberían hacer cimbrar la conciencia”. Una frase que parece dedicada al ex ministro de Planificación Federal, quien resume todas esas cosas.

Julio De Vido ganó una batalla política, pero muchos apostamos a que la Justicia, en especial el fuero Federal, haya tomado nota del llamado que significó el debate en Diputados y despierte de su largo letargo para dar testimonio de que en la Argentina los corruptos deben quedarse solos.