A un año, en primera persona

Hace exactamente un año los argentinos dábamos el primer y gran paso para empezar a construir un cambio hacia un país mejor y con el aporte de todos, sin importar su orientación política, su situación económica o su género. Muchos nos subestimaban y decían que era una locura pensar que Cambiemos podía ganar el balotaje del 22 de noviembre. Para otros, era una sana utopía. Pero siempre me mantuve con distintos niveles de optimismo, quizá por una forma de ser que me lleva a no bajar los brazos incluso en los momentos más difíciles. Por eso a medida que avanzaba la campaña estaba cada vez más convencida: esa Argentina agotada de los gritos y desencuentros depositaría su confianza en Mauricio Macri para empezar a cerrar sus heridas y liderar un verdadero proceso de transformación.

Miro hacia atrás y me doy cuenta de todos los desafíos que superamos. No solo protagonizamos la primera “segunda vuelta” de la historia argentina. Además, lo hicimos bajo el liderazgo de un dirigente que rompió con las formas tradicionales de hacer política , siendo capaz de reconocer con humildad los logros y banderas de los partidos que gobernaron históricamente nuestro país. Y como si fuera poco, obtuvimos el respaldo de la sociedad sin necesidad de grandes actos, sí trabajando cerca de la gente, tocando las puertas de sus casas a lo largo y ancho de la Argentina en medio de una injusta campaña del miedo, llena de difamaciones y prejuicios acerca de quiénes éramos y qué proponíamos.

Pero lo más importante es que no se produjo la catástrofe que anunciaban nuestros detractores seriales. Si bien reconocemos que muchos sectores de la sociedad están viviendo momentos difíciles, hoy el país de ningún modo está cerca de una situación ingobernable. Muy por el contrario, evitamos la crisis que muchos vaticinaban, luego de una década de políticas económicas erradas que no generaban empleo, espantaban las inversiones, nos habían dejado sin energía y despilfarraban el dinero de los argentinos.

Hoy las cartas están sobre la mesa. A poco de cumplir nuestro primer año de gestión, el 10 de diciembre, genera esperanza ver todo lo que hicimos en tan poco tiempo. Quitamos el cepo al dólar, resolvimos el conflicto con los holdouts y eliminamos las trabas al campo, todas medidas que muchos creían imposibles y que sirvieron para empezar a normalizar la economía. Como la base del crecimiento es la confianza, terminamos con las arbitrariedades y avanzamos en la construcción de un Estado más transparente. Recuperamos la credibilidad del INDEC, presentamos un Presupuesto ajustado a la realidad, sancionamos, entre otras muy importantes, la Ley de Acceso a la Información, regulamos el reparto de la publicidad oficial y conseguimos que la lucha contra la corrupción y el narcotráfico sean lo que siempre debieron ser: verdaderas políticas de Estado. Mientras tanto, Argentina dejó de ser mal vista en el exterior y seguimos entusiasmando al resto del mundo para que invierta en nuestro país. Porque más emprendimientos significan más puestos de trabajo y una sociedad más cerca de cumplir con su objetivo de pobreza cero. Además, demostramos cada día que es posible trabajar en política con honestidad y tomando el camino del diálogo, del respeto y de la búsqueda de consensos para mejorarle la vida a la gente.

También logramos derribar mitos y estereotipos. Ni la educación, ni la salud ni las empresas públicas fueron privatizadas. Lejos de recortar la ayuda social, la ampliamos: la Asignación Universal llegó a los hijos de monotributistas, aprobamos la Ley de Reparación Histórica para cancelar la deuda eterna con los jubilados, implementamos la devolución del IVA a bienes de la canasta básica para los sectores más vulnerables, comenzamos la construcción de 3.000 jardines de infantes, enviamos al Congreso un proyecto para hacer obligatoria la sala de tres que ya cuenta con media sanción de la Cámara de Diputados y creamos la Cobertura Universal de Salud, que beneficiará a 15 millones de afiliados, por nombrar tan solo algunas medidas. Porque entendemos que gobernar es cuidar a los que necesitan un Estado presente, el Presupuesto 2017 prevé un aumento del 30 por ciento de los servicios sociales.

Estamos dispuestos a reafirmar este rumbo, a corregir los errores y escuchar a todos. Por eso no debe sorprender que el presidente siga siendo el mismo de siempre. Como desde su primer timbreo en 2005, Mauricio Macri continuó con los recorridos por los barrios, consciente de lo importante que es escuchar los problemas de la gente con sus propias palabras. Estar cerca, que para nosotros tiene un valor incalculable, nos permite recordar día a día que todavía queda muchísimo por hacer y que una gran cantidad de personas está pasando momentos de fragilidad. Reconocerlo y actuar es lo que marca la diferencia con el pasado pero solo si trabajamos juntos y con generosidad podremos lograr la transformación que queremos. Porque este Gobierno llegó para dar soluciones a las dificultades.

Nuestro Gobierno vino a acompañar y a representar el deseo de cambio que ya estaba presente entre los argentinos. Hoy se cumple un año y me quiero sumar al renovado compromiso que nos impulsa hacia adelante, con más ganas que nunca.

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